Jacinta tenía un porte siempre serio, modesto y amable que parecía traducir la presencia de Dios en todos los actos, propios de personas avanzadas en edad y de gran virtud. No le observé nunca aquella excesiva ligereza o entusiasmo propio de los niños por los adornos y juegos (esto después de las apariciones); no puedo decir que los demás niños corriesen a ella, como lo hacían conmigo; esto tal vez porque no sabía tantos cánticos e historietas para enseñarles y entretenerlos, o también porque la seriedad de su porte era muy superior a su edad. Si en su presencia algún niño, y hasta personas mayores, decían o hacían algo menos conveniente, les reprendía diciendo: —No hagan eso, que ofenden a Nuestro Señor y Él está ya muy ofendido…
Cf. P. Juan M. De Marchi, Era una Señora más brillante que el sol, Ed. Missões Consolata, 2006, Fátima, p. 194.
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Rico no es sinónimo de ladrón ni de avariento No me cansaré de decir que no acuso al rico, sino al ladrón. Rico no es sinónimo de ladrón, ni opulento lo es de avaro. Distinguid bien y no confundáis cosas tan diferentes. ¿Sois ricos? No hay ningún mal en ello. ¿Sois ladrones? Os acuso... |
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