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Hélio Dias Viana
Cabalgado de modo eximio por el rejoneador Andy Cartagena, el bello y fogoso caballo Luminoso —cual nuevo Pegaso pronto a levantar vuelo— atraviesa en dos patas casi toda la arena de la Plaza de Toros de Villarrobledo, en España. Deslumbrado, el numeroso público presente aplaudió de pie al rejoneador, pidió y obtuvo que saliera por la puerta principal en hombros de miembros de su cuadrilla; la mayor consagración de un torero. Actividad de riesgo, el rejoneo esta rodeado de un bello ceremonial que evoca la época caballeresca de otrora, y no dispensa escenas maravillosas como esta, asistidas por familias enteras, de abuelos a nietos. Según un experimentado comentarista del arte del rejoneo, este vive su Edad de Oro, tanto por la calidad de los caballos —sobre todo los de raza lusitana— cuanto por la destreza, elegancia y arrojo de los rejoneadores.
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Defendamos la Familia Ante una insidiosa trama para destruirla |
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Súplica junto al Pesebre Se aproxima una vez más, Señor, la fiesta de vuestra Santa Navidad. Una vez más, la Cristiandad se apresta a veneraros en el pesebre de Belén, bajo el centelleo de la estrella, o bajo la luz, aún más clara y refulgente, de los ojos maternales y dulces de María... |
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Indisolubilidad del matrimonio Constatamos a cada paso cómo la crisis moral de la sociedad se debe en gran parte al desmoronamiento de la familia... |
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Capítulo 1: La vida cristiana en una aldea portuguesa La vida en una aldea de la sierra portuguesa a comienzos del siglo XX estaba llena de encanto, paz y tranquilidad, lo cual era fruto del sentido del deber y de las consolaciones de la fe... |
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Dos mundos, el de ayer y el de hoy Los trajes pueden reflejar la compostura. Hoy se encuentran trajes de lo más extravagantes en todas las calles y en cualquier lugar del mundo. En el maniquí de la derecha, la ropa interior aparece bajo la exterior, contrario al recto orden de las cosas... |
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Un pecado que desagrada a los mismos demonios Desgraciados… como ciegos y tontos, ofuscada la luz de su entendimiento, no reconocen la pestilencia y miseria en que se encuentran, pues no solo me es pestilente a mí, sino que ese pecado desagrada a los mismos demonios, a los que esos desgraciados han hecho sus señores... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino