La dignidad, los derechos y los deberes del hogar familiar, establecido por Dios mismo como célula vital de la sociedad, son, por ello mismo, tan antiguos como el mundo; son independientes del poder del Estado que debería protegerlos y defenderlos, si se hallan amenazados. Derechos y deberes igualmente sagrados en todas las épocas de la historia bajo todos los cielos, pero mucho más sagrados todavía en las horas trágicas de las calamidades, de las guerras, cuya mayor víctima siempre es la familia, la gran sacrificada. Ahora bien; precisamente porque es el elemento orgánico de la sociedad, todo atentado perpetrado contra ella es un atentado contra la humanidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer, como un instinto innato, el amor conyugal, el amor paterno y materno, el amor filial. Por consiguiente, querer arrancar y paralizar este triple amor es una profanación que por sí misma horroriza y que lleva fatalmente hacia su ruina a la patria y a la humanidad.
Pío XII, Aurions-Nous, Alocución a los delegados de la Unión Internacional de Organizaciones Familiares, 20 de setiembre de 1949 in https://enchiridionfamiliae.com/z_componer.php?paragrafo=1949%2009%2020%200001.
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La Medalla Milagrosa El ejemplo de santa Catalina Labouré |
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