Plinio Corrêa de Oliveira De autoría del renombrado artista italiano Giotto, esta pintura al fresco representa la visitación de María a su prima santa Isabel. La Virgen Santísima está llegando a su casa y siendo recibida por su pariente. La Madre de Dios aparece muy bondadosa y dulce. Santa Isabel asume una actitud de sumo respeto, haciendo una inclinación y contemplando a su excelsa prima con la mirada de deslumbramiento. La Virgen observa a santa Isabel muy complacida, pero no se inclina ante ella. Es natural, porque María es la Madre del Redentor de la humanidad y la otra, la madre de su precursor. Cada una lleva dentro de sí a un niño. Pero el que está en el claustro de santa Isabel, sería apenas el que prepararía los caminos de Nuestro Señor Jesucristo, que allí se encuentra encerrado en el seno purísimo de la Reina del Universo. Que san Juan Bautista haya recibido aquella sublime vocación, la de precursor, ¡es algo inmenso! Nuestro Señor lo comparó a Elías y a un ángel… Pero Jesucristo es el Hombre-Dios, no hay nada que lo trascienda y no puede ser comparado con ninguna otra criatura.
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Las glorias de María Explicación de la Salve Regina |
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¿Ante una blasfemia clamorosa es lícito maldecir? En el mundo de hoy, el católico es testigo (y, a veces, víctima directa) de ofensas a Dios que nos indignan y nos llevan a desear que Dios castigue aún en esta tierra a los responsables por esas infamias (incluso como medio de intentar salvarlos del infierno)... |
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San Hugo el Grande Aquel que sería uno de los más célebres personajes de la Edad Media nació el año 1024 en la pequeña localidad de Semur, en la Borgoña francesa... |
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La gracia de Fátima actuando en Ucrania Dios creó a los hombres para que le rindan gloria en esta tierra, y más tarde en el Cielo por toda la eternidad... |
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Santa Rosa de Lima Hija de una numerosa y honrada familia de mediana fortuna de la capital peruana, la futura santa Rosa de Lima nació el día 20 de abril de 1586... |
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El hombre fue hecho para el cielo y no para esta tierra En verdad, dos cosas hay que resaltan hoy día en medio de la extrema perversidad de las costumbres: un infinito deseo de riquezas y una insaciable sed de placeres. De aquí, como de su fuente principal, dimanan la mancha y el baldón de este siglo, a saber, que mientras éste progresa constantemente en todo lo que entraña comodidad y bienestar para la vida, parece sin embargo retroceder miserablemente a las vergonzosas lacras de la antigüedad pagana en lo que es de mayor monta, es decir, en el deber de llevar una vida justa y honrada... |
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