El último fruto de la nobleza es que, así como una misma piedra preciosa refulge más engastada en oro que en hierro, así las mismas virtudes resplandecen más en el varón noble que en el plebeyo; por lo que la nobleza unida a la virtud es el máximo ornamento. Que así como es mucho más brillante la virtud en un noble, así también en él el vicio es mucho más vergonzoso. Del mismo modo que es más fácil notar la suciedad en un lugar claro y bañado por los rayos del sol que en un oscuro rincón, las manchas en un áureo vestido que en uno ordinario y andrajoso, y las máculas y cicatrices en el rostro que en una parte oculta del cuerpo; así también en los nobles los vicios son más notables que en los hombres de condición vulgar, son mucho más desagradables de contemplar y afean más vergonzosamente el espíritu de los culpables. ¿Puede, en verdad, verse algo más indigno que un adolescente nacido de padres ilustres y de buena familia corrompido y entregado a las tabernas, juegos, bacanales y orgías?
* San Carlos Borromeo, Homiliae CXXII, apud Plinio Corrêa de Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, Editorial Fernando III el Santo, Madrid, 1993, p. 290-291.
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