En medio de una de las más graves crisis por las que atraviesa Venezuela, acentuada a raíz de las elecciones del pasado 28 de julio, así como a un “apagón” que ha afectado al 80% del país, el dictador Nicolás Maduro ha decretado que este año se adelante la Navidad. Según él, será para expresar su gratitud al pueblo por haberle “elegido” para un tercer mandato: “Voy a decretar el adelanto de la Navidad para el 1 de octubre”, aseguró el 2 de setiembre durante su programa semanal de televisión: “Arranca la Navidad el 1 de octubre. Para todos y todas, llegó la Navidad, con paz, felicidad y seguridad” (Con Maduro+ n.º 55). ¿Se trata de un delirio más del dictador para que el pueblo hable de otra cosa —como de esta extravagancia— y no ya del “apagón” y, sobre todo, del evidente fraude electoral? Como es de público conocimiento, Maduro apenas obtuvo alrededor del 30% de los votos, mientras que su contrincante, Edmundo González Urrutia, alcanzó casi el 70%. Esto ha sido comprobado por instituciones independientes, entre las cuales el insospechable Centro Carter. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)y el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela declararon ganador a Maduro y punto. Esta película ya la hemos visto muchas veces. Así funcionan las dictaduras marxistas, demostrando una vez más que Maduro sigue al pie de la letra la recomendación de su mentor Josef Stalin: “Lo importante no es quién vota, sino quién cuenta los votos”. Vitelio Brustolin, investigador de Harvard y profesor de Relaciones Internacionales, resume bien este extravagante “decreto de Navidad”, diciendo que es una “cortina de humo para el fraude electoral … Es una distracción, mientras sigue deteniendo a opositores”.
El extraño decreto de adelanto de la Navidad nos trajo a la memoria un brillante artículo de Plinio Corrêa de Oliveira titulado Azúcar amarga, Navidad sin luces (Folha de S. Paulo, 13-12-1970). Entre otros hechos, el destacado escritor católico comenta una nota de prensa sobre las declaraciones de Fidel Castro postergando las tradicionales celebraciones de Navidad y Año Nuevo. La noticia decía así: Al declararse “respetuoso de las tradiciones” Castro sin embargo señaló “son muy cristianas, muy hermosas y muy poéticas, pero constituyen un fenómeno subjetivo que nos trajeron de Europa”. Comentarios del profesor Plinio: Así que, para Fidel Castro, la Navidad no es más que “un fenómeno subjetivo que nos trajeron de Europa”. Este es el hombre que bajó de la Sierra Maestra ostentando un enorme rosario al cuello para engañar a los católicos de su país. Cuidado, lector, cuidado. No dé crédito a alguien solo porque diga que es católico. Estamos en la era de la hipocresía, en la que Satanás a veces se hace pasar por sacristán, a veces por sacerdote y… prefiero no continuar. * * * Amigo lector, ¿puedo pedirle algo para esta Navidad? ¿Puedo pedirle el regalo de una oración? Y rece por nuestro país, querido lector, para que nunca le ocurra desgracia igual.
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