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Una caricatura blasfema contra Nuestro Señor y contra el Papa Benedicto XVI, publicada en el mayor diario de Francia, “Le Monde”, no quedó sin respuesta: una masiva protesta de católicos de todo el mundo inundó de mensajes la redacción del periódico, la cual, sorprendida por la envergadura de la reacción exclamó: “Estos corderos de Dios pueden morder”... La blasfemia La caricatura apareció en la edición del 19 de marzo, ridiculizando a Nuestro Señor Jesucristo y al Papa. Ella muestra al Salvador con rostro de hippy, lanzando desde una barca preservativos a una multitud de africanos. Por detrás se ve al Papa, con cara contrahecha, quejándose “Todo vale”. Y debajo va la leyenda: “La multiplicación de los preservativos siguió a la de los panes”. Éste ha sido uno de los muchos ataques periodísticos al Santo Padre, tras las declaraciones que formuló en su reciente visita al África, reafirmando las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad. Tales ataques muestran la creciente hostilidad anticatólica que hoy anima muchos medios de prensa. La reacción católica Ese mismo día, fiesta del castísimo esposo de María, San José, la campaña America Needs Fatima —la versión norteamericana de El Perú necesita de Fátima— inició una gran acción de rechazo a la caricatura blasfema, pidiendo a todos sus amigos y colaboradores que enviasen por internet mensajes de protesta a “Le Monde”. La respuesta no se hizo esperar: fue una verdadera avalancha, que superó todas las expectativas. Por momentos llegaban al diario ¡más de 500 protestas por hora! El resultado Ocho días después, el 27 de marzo, “Le Monde” se vio obligado a publicar un expresivo artículo de Véronique Maurus, miembro del staff del periódico, comentando la protesta católica.
Bajo el título de “¡Sacrilegio!”, el texto reconoce la efectividad de la protesta, y acusando el impacto, muestra su asombro por la disposición de tantos fieles católicos a defender su fe: “La palabra clamor es insignificante: ésta fue una verdadera tempestad, o mejor dicho, un huracán, un tsunami de protestas exigiendo que el diario se retracte. Los emails de protesta comenzaron a llegar en seguida de la publicación. (...) Pocos mensajes, en un primer momento; siguieron cientos y después miles, formando una curva que aumentaba exponencialmente, y alcanzó un ápice el 25 de marzo [¡fiesta de la Anunciación!] cuando los emails llegaron a ser 500 por hora obstruyendo así el servidor informático. Esto forzó a derivarlos a otro para evitar una avería”. “Una reacción como jamás se vio”, reconoce. “El grito era mundial, con emails muchas veces en inglés provenientes de EE. UU., Canadá, Australia, Gran Bretaña, Irlanda, como también de Alemania, España, etc.”. Admirada y perpleja, la periodista advierte: “Estos corderos de Dios pueden morder”... La descarga masiva de mensajes, agrega, mostró el “tremendo poder del lobby americano que fue movilizado”. Destaca especialmente la reacción de “la temible (¡sic!...) America Needs Fatima, la cual se hizo famosa por denunciar el best seller El Código Da Vinci”. Transcribe después numerosos mensajes de protesta a “Le Monde”, de los cuales siguen dos ejemplos: “Claro que, como católico, no puedo cortar cabezas, pero no puedo resistir mi deseo de romper el diario en pedazos” (D. Reuben). “Ustedes no hubieran hecho eso contra los principios éticos musulmanes. ¡Ustedes escogen blancos fáciles porque son cobardes!” (Steve Killelea, Sarasota, Florida). El propio caricaturista de “Le Monde”, Plantu, declaró que nunca enfrentó una reacción contraria tan fuerte por ninguno de sus dibujos. Pero a pesar de que la ofensa blasfema era evidente, intentó exculparse alegando que “no quiso ofender a ninguna religión” y sostuvo que continuará publicando sus caricaturas. Mientras que el director del diario, Alain Frachon, justificó cínicamente la publicación de la caricatura en nombre de la “sagrada libertad de expresión”. Es una inversión de conceptos delirante: “sagrado” no es más Dios o la Religión, sino blasfemar contra ellos... Hechos que habitualmente comentamos en esta columna entristecen a María Santísima; pero actos de reparación como el aquí relatado le son sumamente agradables a Ella. Finalmente, un recado para los adversarios de la Iglesia, acostumbrados a pasar por encima de católicos indiferentes y pasivos: ahora ya saben que un cordero de Dios puede morder.
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