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Plinio Corrêa de Oliveira
Cuando consideramos en las miniaturas medievales una ciudad vista de lejos, ella se presenta de un modo completamente diferente de la ciudad moderna. La ciudad moderna es de contornos imprecisos, irregulares, es como un tumor que se va extendiendo de aquí para allá y para más allá, de tal manera que en una cierta dirección ella creció mucho, y en otra existen aún parques que llegan casi hasta su centro. La ciudad medieval nos da la impresión de una moneda bien acuñada. Ella está repleta de casas, en un recinto delimitado por un muro y realzado por torres. El límite es definido y claro: para más allá del muro, campo; para dentro del muro, ciudad. El muro es el resplandor de la ciudad, pareciendo circundarla de una corona hecha de murallas, que le aseguran la posibilidad de defenderse por sí misma y de mantener su autonomía. Vista así en su conjunto, la ciudad da la impresión de una caja de tesoros. Porque lo que emerge de dentro de ella son cosas preciosas: las torres de las iglesias, las puntas de las catedrales con los rosetones y los vitrales, las torres de uno u otro palacio, etc. Se diría que entre sus torres había una especie de competencia para alcanzar el cielo.
Las calles no correspondían mucho a las ideas del urbanismo moderno. Eran sinuosas, caprichosas, inesperadas, con singulares peculiaridades. Las casas no tenían numeración. Nada de anuncios inmorales o de algo que pudiera ofender las buenas costumbres. Aquellas callejuelas están para las manzanas urbanas de nuestros días, cuadradas y cortadas en ángulo recto, más o menos como la caligrafía está para la dactilografía: la letra dactilográfica es irreprensible; la letra manuscrita muchas veces es irregular, y hasta fea, pero tiene la expresión de un alma. ¿Qué expresan esos cuadriláteros urbanos? Las almas de los hombres sin alma…
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Nuestra Señora de las Victorias |
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Los premios y castigos públicos ¿dignifican y estimulan? o ¿corrompen y humillan? Según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, el hecho de que una persona posea cualidades auténticas, y sea reconocida y honrada como tal por la sociedad, es un bien superior a la salud o a la riqueza, e inferior solamente a la gracia de Dios, que trasciende todos... |
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Espíritu francés Francia tiene un poco de todo de las demás naciones europeas. En la gentileza aparece algo de la bondad portuguesa; en el mosquetero se nota cualquier cosa del garbo español; en el arte se ven algunas semejanzas con el buen gusto italiano; en el espíritu lógico se observa alguna cosa del genio alemán... |
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Tensión y distensión en el semblante de un santo En los jardines del Vaticano el Papa San Pío X acoge a distinguidos visitantes, que le presentan sus homenajes. El cuerpo del Papa, erguido y vigoroso a pesar de los años, da una impresión de ascesis y firmeza, pero algo en su persona, y sobre todo en su plácida fisonomía, expresa reposo y distensión... |
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Dos cuadros, dos mentalidades, dos doctrinas ¿Qué terminará pensando y sintiendo sobre la Sagrada Familia un pueblo que tenga frente a sí obras pictóricas o escultóricas de este jaez? El arte cristiano tiene la misión de auxiliar dentro de sus posibilidades peculiares la difusión de la sana doctrina... |
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Ambiente aristocrático ambiente popular Reflejos de la civilización cristiana. Atrae la atención en el cuadro que figura a la derecha la cobertura en lo alto de la cama, así como el hecho de que la misma esté colocada de tal manera que se asemeja a una especie de altar. Esto porque la cama reposa sobre un... |
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