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Estimados amigos: El Tema del Mes de la presente edición, escrito por nuestro colaborador Mathias von Gersdorff, presenta un asunto de singular importancia y muy candente: la Cultura Pop, su origen en la Revolución Industrial y el avasallador disturbio que la caracteriza— la intemperancia frenética. Estudioso de muchas de las facetas de la civilización actual, el autor destaca así a uno de los más siniestros motores que pone al mundo moderno en movimiento vertiginoso. No cualquier tipo de intemperancia, sino la frenética, vicio que impide al hombre contemporáneo ordenar su vida, sus actos y su voluntad de acuerdo con valores y principios eternos. En contraste con el desorden caótico de la cultura de masas, el artículo expone con abundantes ejemplos las características de la cultura tradicional —tanto la popular como la de las élites—, cuando prevalecían las costumbres regionales, sin el influjo artificial de la macropublicidad, de los “astros” y del “vedetismo”. Los medios de comunicación social actúan poderosamente para la difusión de la cultura de masas. Y funcionan también como “alimento espiritual” para una sociedad que vive en un estado de intemperancia frenética, muy adecuadamente caracterizado en el bestseller norteamericano Retorno al Orden y en varias obras de Plinio Corrêa de Oliveira. Para reaccionar contra la devastadora influencia de la cultura pop, las mencionadas obras señalan los medios para readquirir la templanza propia de la civilización cristiana, en la cual esta virtud cardinal orientaba la cultura y todas las actividades humanas. En Jesús y María, El Director
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La Cultura Pop |
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El Santísimo Nombre de Jesús El nombre de Jesús, es decir, del Salvador, es nombre que de suyo expresa amor, porque nos recuerda, como se expresa san Bernardino de Siena, cuánto el Hijo de Dios hizo y sufrió para salvarnos; por lo que con ternura le decía cierto devoto autor: ¡Oh Jesús, cuánto os costó ser Jesús, es decir, Salvador mío!... |
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El fin legítimo de la guerra es la paz en la justicia En primer lugar, hay guerras que son justas. Son las que están destinadas a reprimir una acción culpable del adversario... |
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Continuación del Sermón de la Montaña Dirigiendo la palabra a sus discípulos, Jesús continuó así: —“Vosotros sois la sal de la tierra. Ahora bien; si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se salará? De nada sirve, sino para ser arrojada al camino y pisoteada por la gente”... |
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Dios quiere que le hablemos familiarmente No salía de su asombro el santo Job al considerar con qué amorosa solicitud mira Dios por el bien del hombre. Parece que ha cifrado todo su deseo en amarle y en ser de él amado; por esto, hablando con Dios, exclamaba: ¿Qué es el hombre para que tú hagas de él tanto caso, o para que se ocupe de él tu corazón? (Job 7, 17)... |
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La fecundidad de la vida urbana medieval Si algún día, querido lector, por la gracia de Dios, fuéramos conducidos por nuestro ángel de la guarda en un largo viaje al pasado, y acabáramos desembarcando en una ciudad europea del año 1200, nos encontraríamos ante un escenario imposible de ser imaginado por los hombres de nuestro siglo en toda su belleza y variedad... |
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