Estimados amigos: Tras la reciente restauración del emplazamiento donde se encuentra el Santo Sepulcro, el venerable lugar donde reposó el Cuerpo de Jesucristo volvió a ver la luz. Sobre ello versa nuestro Tema del Mes. La tumba pertenecía a José de Arimatea, que la había mandado cavar para sí, pero que la cedió para recibir el Santísimo cuerpo de nuestro Divino Redentor. Como refieren los evangelistas, allí fue donde se obró la Resurrección de Cristo. Jerusalén fue destruida en el año 70 d.C. En 313 el emperador Constantino puso fin a las persecuciones contra los cristianos. Trece años después, su madre, santa Elena, visitó la ciudad santa e identificó el venerable lugar de la crucifixión —el Gólgota— y la cueva denominada “Anastasis” (“resurrección”, en griego), donde había sido edificado un templo a Venus. En substitución de aquel templo, el emperador autorizó la construcción de un santuario, el cual quedó conocido como Basílica del Santo Sepulcro. Después de siglos de transformaciones, esta basílica fue encontrada en 1099 por los cruzados al entrar en Jerusalén, y esencialmente es el mismo edificio que existe hoy. Hasta hace poco había quien juzgaba que la tumba pudiera haber sido destruida durante tantas vicisitudes históricas. Sin embargo, un barrido inicial del radar reveló que la cavidad, de 1.28 metros de profundidad, estaba íntegra. Algunos arqueólogos que trabajaron en la apertura del Santo Sepulcro afirmaron haber percibido fenómenos no habituales, por ejemplo, una extraña perturbación electromagnética. Es natural que tales hechos nos produzcan una gran emoción. Ellos nos remiten a comentarios de Plinio Corrêa de Oliveira sobre el particular, transcritos al final del artículo. Sus palabras resaltan la importancia de la Resurrección del Divino Redentor y la epopeya de las Cruzadas, una guerra santa para liberar el Santo Sepulcro. Sean ellos también nuestros anhelos, mientras aguardamos la próxima visita del Santo Padre a Chile y el Perú. En Jesús y María, El Director
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El Santo Sepulcro: Una tumba vacía... llena de la presencia de Cristo |
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Dios quiere que le hablemos familiarmente No salía de su asombro el santo Job al considerar con qué amorosa solicitud mira Dios por el bien del hombre. Parece que ha cifrado todo su deseo en amarle y en ser de él amado; por esto, hablando con Dios, exclamaba: ¿Qué es el hombre para que tú hagas de él tanto caso, o para que se ocupe de él tu corazón? (Job 7, 17)... |
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Felicidad, sufrimiento y amor de Dios “Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud” (Jn 15, 9-11)... |
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La Maternidad Divina Las grandezas de María pueden dividirse en dos grupos. El primer grupo lo forman las grandezas que son ante todo funciones: la maternidad divina, la maternidad espiritual, la mediación universal, el papel de María en el apostolado católico, su realeza universal... |
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El Santísimo Nombre de Jesús El nombre de Jesús, es decir, del Salvador, es nombre que de suyo expresa amor, porque nos recuerda, como se expresa san Bernardino de Siena, cuánto el Hijo de Dios hizo y sufrió para salvarnos; por lo que con ternura le decía cierto devoto autor: ¡Oh Jesús, cuánto os costó ser Jesús, es decir, Salvador mío!... |
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Nuestra Señora de Coromoto El trono y la base de esta imagen de Nuestra Señora de Coromoto combinan de un modo muy armonioso. El trono, con el respaldo alto y la curvatura superior, realza muy bien la elevación de la Santísima Virgen, indicando que tiene plena conciencia de su propia majestad... |
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