Verdades Olvidadas Oración para alcanzar remedio en las actuales necesidades de la Iglesia

PADRE SANTO, que estáis en los cielos, no sois Vos desagradecido, para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos, para honra de vuestro Hijo.

No por nosotros, Señor, que no lo merecemos, sino por la sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos, y de su Madre gloriosa, y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos.

¡Oh Padre Eterno! Mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, Creador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo sea tenido en tan poco?

Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo: quieren poner su Iglesia por el suelo: desechos los templos, perdidas tantas almas, los Sacramentos quitados.

Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que los sufra, aún de los que somos ruines.

Os suplico, pues, Padre Eterno que no lo sufráis ya Vos, atajad este fuego, Señor, que si queréis, podéis; algún medio ha de haber, Señor mío: póngalo Vuestra Majestad.

Habed lástima de tantas almas como se pierden y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la Cristiandad, Señor; dad ya luz a estas tinieblas. Ya Señor, ya Señor, haced que sosiegue éste mar. No ande siempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia, y salvadnos Señor mío que perecemos. Amén.

 

SANTA TERESA DE JESÚS , sacada de varias de sus obras.

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Tesoros de la Fe N°202 octubre 2018


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