Especiales Preciosas tradiciones navideñas

Luis Dufaur

La historia de San Nicolás: la entrega de una dote a tres niñas pobres, Fra Angelico, c. 1448 – Temple y oro sobre tabla, Pinacoteca Vaticana

Desde la primera noche de Navidad, el nacimiento de Jesús abre espacios de luz y de alegría, incluso en medio de la oscuridad y la tristeza. Mientras que en Belén rayaba la salvación, el emperador Augusto estaba amargado por el fracaso de su política. En el palacio, a altas horas de la noche, continuaban las orgías y los falsos teólogos echaban suertes mediante prácticas ocultistas.

No sabían que en un establo de Judea, en ese mismo momento, se estaba decidiendo la sociedad del futuro. Allí, las manos virginales de María entregaron al mundo al Mesías, que lo redimiría con su Sangre, lo reorganizaría con el Evangelio y lo inundaría de gozos con su gracia.

Un regalo impregnado de caridad

Un ejemplo, en los albores del cristianismo, fue el de san Nicolás de Bari (270-343), obispo de Mira (en la actual Turquía), cuya fiesta se celebra el 6 de diciembre. Un noble arruinado de su diócesis, padre de tres hijas solteras, no podía pagar la dote para casarlas. Una noche, el santo obispo vio las medias de las jóvenes secándose en la chimenea, y colocó en cada una de ellas una pequeña bolsa con monedas equivalentes a la dote. Nadie podía imaginar entonces que el ejemplo transmitido a raíz de esta caridad impregnaría las costumbres del mundo durante siglos.

La imaginación y la fe han atribuido a san Nicolás una realidad que va más allá de morar en el cielo. Desde el norte de Europa y de América, una avalancha de cartas infantiles saludan a san Nicolás y le piden regalos. En Alemania, las oficinas de correos envían cada año unas 500.000 cartas a la sucursal de Engelskirchen (Iglesia del Ángel), en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia. Otra agencia en Finlandia recibe más de 500.000 misivas con saludos y peticiones. La mente infantil está convencida de que san Nicolás vive en esta tierra, lee sus cartas y prepara sus listas, esperando el periodo navideño para repartir los regalos. Pero, ¿dónde realmente se encuentra? ¿Por qué solo aparece en esa época?

San Nicolás es agasajado en la escuela de Lunéville, en Alsacia (Francia)

La tradición ha forjado la imagen de un piadoso ermitaño que vive en un lugar recóndito, ¡muy lejos, en el gélido Ártico! Vestido con sus insignias episcopales, envuelto en pieles, en su plácido retiro lee todas las cartas junto a la chimenea, en una cabaña rodeada por un bosque nevado. Allí prepara su trineo y alimenta a los renos que le conducirán por varios países.

¿De dónde salieron el trineo y los renos, que nunca existieron en Mira ni en Bari? Fueron creados por Clement Clarke Moore, en un poema escrito en 1823: Una visita de San Nicolás. Para la inocente alma infantil, todo estaba explicado: San Nicolás era conducido en su trineo, tirado por cuatro pares de renos, cada uno de los cuales recibía su nombre por sus cualidades. El noveno, a la cabeza de todos ellos, es el más famoso: Rodolfo Nariz Roja, dotado de un olfato especial, cuya nariz se vuelve de un rojo intenso cuando se acerca a la casa de un niño que merece un regalo.

En lugar de un santo, una falsificación comercial

San Nicolás y el “Père Fouettard”, en Mulhouse, Alsacia

Papá Noel no es más que una falsificación comercial. La imagen de Papá Noel llegó al Perú junto con la publicidad de la marca Coca-Cola. El primer Papá Noel de carne y hueso que se vio en Lima, fue en la tienda por departamentos que la cadena Sears Roebuck inauguró en San Isidro, a fines de la década de los 50. Desde entonces se ha expandido por el resto del país, siempre con un afán comercial y desplazando costumbres más tradicionales. Pero dejemos de lado esta grotesca falsificación, y veamos cómo se recibe a san Nicolás en algunos países.

En Alsacia, en la frontera entre Francia y Alemania, san Nicolás es una figura oficial. Las escuelas públicas preparan a los alumnos enseñándoles canciones en las que piden su venida. Cuando llega con su comitiva, invita a cada niño a rendirle cuentas, antes de entregarle el regalo. Detrás de él viene un personaje siniestro: es el padre Látigo, encapuchado, con barba y cabello desgreñado, rostro oscuro y mirada sombría. Agita su chicote en el aire, amenazando a los niños desobedientes, y promete que se llevará dentro de un gran saco a los niños que no recen sus oraciones. Los niños abuchean a este personaje y le lanzan bolas de papel. Jules Hoches lo pintó como “un enviado del Diablo, que amenaza con llevarse a los niños por no cumplir sus promesas”. En Wissembourg, monta un caballo negro y peludo, escoltado por jinetes apocalípticos, que aterrorizan a la población con el estruendo de sus tambores.

Martín Lutero, el padre del protestantismo, detestaba a los santos y pretendió extinguir la fiesta de san Nicolás. ¡Resultó siendo el Père Fouettard (padre Látigo, en Perú equivalente al “Cuco”) de los malos cristianos! La Contrarreforma católica aprobó la figura para inculcar en los niños el sentido del premio y del castigo.

El maravilloso árbol

Sélestat, ciudad de Alsacia, reivindica la paternidad del árbol de Navidad

Según las costumbres de cada región, los regalos pueden llegar el día de san Nicolás, en Navidad o incluso en la fiesta de la Epifanía, traídos por los Reyes Magos. La costumbre más antigua es dejar las medias colgadas en la repisa de la chimenea, en recuerdo de las tres jóvenes al comienzo de la milenaria trayectoria de san Nicolás. En Holanda, los niños llenan sus medias de heno para alimentar a los pobres renos, con la esperanza de que cuanto más grandes sean las medias y el heno, mayor será el regalo. Pero si no se han portado bien durante el año, puede ser que reciban apenas un carbón. En algunos países los regalos llegan en más de una fiesta.

Sélestat, una ciudad de Alsacia, reclama junto con otras la paternidad del árbol de Navidad, y exhibe el documento más antiguo que lo demuestra. En el interior de las iglesias cuelgan del techo pinos adornados con regalos. Después de la misa de Reyes, los niños con palos derribarán los regalos. La inspiración del árbol de Navidad quizá provenga de san Bonifacio, que derribó un imponente roble idolatrado como un dios por los bárbaros; y luego plantó un pino —cuyo perfil triangular servía para explicar el misterio de Dios Uno y Trino— y lo decoró con frutos y semillas, símbolo de las gracias que distribuía. La manzana roja brillante era ideal para ello, pero en un desafortunado año las heladas quemaron la cosecha; y en Alsacia y Turingia los maestros vidrieros sustituyeron las frutas y nueces por bolas cristalinas. Más tarde, la reina Victoria de Inglaterra (1819-1901) hizo adoptar estas bolas de cristal para decorar sus castillos en Navidad. El mundo entero siguió su ejemplo.

Santa Lucía, la santa de la Luz

En los países nórdicos, la mártir romana Santa Lucía (283-304) es conmemorada especialmente el 13 de diciembre. Es una de las ocho santas invocadas en el canon de la misa católica tradicional. Era una noble de Siracusa, de familia muy rica y de excepcional belleza, que consagró su virginidad a Dios. Salía por las noches con una lámpara de vela, distribuyendo limosnas y alimentos a los pobres. Con el fin de hacerla apostatar, sus torturadores le arrancaron los ojos, pero Dios le dio otros aún más hermosos. Por eso es la patrona de los oftalmólogos y de las personas que sufren de la vista.

En Escandinavia, los días de Adviento son cortos y oscuros. Las jóvenes vestidas de blanco, con una corona de velas, llevan dulces para los pobres y carbón para el frío. En Noruega, Suecia y Finlandia, las niñas así coronadas participan en procesiones —hasta en barrios protestantes— en recuerdo de la Luz de Cristo que ilumina las tinieblas. Los jóvenes llevan túnicas alusivas a san Esteban, el protomártir del cristianismo. La costumbre fue introducida por misioneros medievales y, paradójicamente, renació en el siglo XIX, incluso en ciudades luteranas

Las procesiones públicas comenzaron en 1927, cuando un periódico de Estocolmo eligió a la “Lucía del año”, y el ejemplo se extendió a otras ciudades, escuelas, periódicos y televisión. Según el libro Guinness de los récords, la procesión de santa Lucía en la capital sueca es la más grande del mundo, con 1.200 miembros de escuelas de música. En algunas universidades hay una cena especial en su día. Finlandia imitó a Suecia, y la “Santa Lucía del año” es coronada paradójicamente en la catedral protestante de Helsinki.

Tradición de Santa Lucía en Suecia

Dinamarca imitó a Suecia en 1944, por el deseo oficial de “traer luz en una época de oscuridad”. La fiesta se celebra en las escuelas. La noche anterior se encienden velas, se apagan las luces eléctricas y se canta el famoso villancico napolitano a la santa. En Noruega, se conmemora a Lucía como aquella que ahuyenta a los espíritus, gnomos y fantasmas que vagan por la tierra en los días más negros del año, y castiga a los que trabajan el día de Navidad. La procesión ingresa a una sesión del Parlamento, entonando una canción tradicional napolitana y villancicos locales.

En el norte de Italia, santa Lucía trae regalos a los niños los días 12 y 13 de diciembre, cuando se elaboran galletas dulces en forma de ojos, que recuerdan el martirio de la santa. Los niños le dejan un poco de café, paja para su burro y una copa de vino de Castaldo. En Hungría y en Croacia, el día de santa Lucía se planta una semilla de trigo en una maceta. Brota en Navidad, como símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte y del nacimiento de Jesús y de la Eucaristía. En Filipinas se celebra una novena de misas antes de su fiesta. En el Caribe, santa Lucía es la patrona de una pequeña isla que lleva su nombre y celebra su fecha como Fiesta Nacional.

El “pudding” real inglés

El año 2019, la reina Isabel cedió su papel de hacer el pudding a los príncipes herederos. El encargado de hacer la mezcla de los 25 ingredientes fue el pequeño príncipe George, que trabajó con entusiasmo, con el apoyo de los príncipes Charles y William. A la derecha, el pudín terminado.

El pudin inglés no puede faltar en el palacio real de Buckingham. Cada familia elabora su propio pudin con una receta exclusiva, incluida la familia real. El 2019, la reina cedió su papel a los príncipes herederos. El encargado de hacer la mezcla de los 25 ingredientes fue el pequeño príncipe George, que trabajó con entusiasmo, acogido por los príncipes Charles y William. La receta secreta produjo 99 pequeños pudines, obsequiados por la reina con motivo de la Navidad a los puestos militares más alejados. Isabel II también regaló 1.500 pudines, hechos en una buena pastelería, a sus 500 asistentes en los castillos, que los recibieron junto con una tarjeta firmada por la reina, además de un saludo personal.

El pudin no es de origen inglés, sino que fue traído al país por los soldados romanos. En sus largas expediciones, acondicionaban en sus alforjas un puñado de frutos secos, nueces, almendras, etc., con leche y alcohol, y con este “pastel” se alimentaban. Probablemente así se hacía en la época de Jesús en Belén.

Una decadencia, como tantas otras

Veinte siglos después de la divina Natividad, el mismo mundo celebra la Navidad de diversas maneras, pero lo que se observa es una continua decadencia del esplendor y de la religiosidad. La tierra se hunde en las tinieblas, en un caos que ni siquiera en tiempos de Augusto fue tan generalizado.

Pero como los pastores que adoraron al Niño Dios en el pesebre, hoy los hombres de buena voluntad pueden buscar la salvación por las purísimas manos de la Santa Madre de Dios. Únicamente por su mediación será restaurado el reinado social de Jesucristo, cuando las celebraciones de Navidad sean incomparablemente más hermosas.

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