Edmund Blair Leighton, 1900 Felipe Barandiarán Dos mujeres elegantemente vestidas (al menos para la vulgaridad a la que estamos acostumbrados) regresan del mercado en un bote con la compra: una cesta con huevos y mantequilla, verduras, hortalizas y flores… un pollo de corral en la parte trasera, más verduras, plantas, y otros víveres que dan un aire de abundancia y orden. Conversan distendidas con el joven sonriente que maneja los remos, sin esfuerzo aparente, remontando la corriente de las tranquilas aguas de este río de la campiña inglesa, probablemente uno de los afluentes del Támesis, tal vez el Fleet o el Brent. En la orilla, unos patos blancos destacan sobre el verde prado. Tras la desordenada hilera de árboles, asoman las chimeneas de algunas casas y, al fondo, las puntiagudas torres de una abadía, envueltas en una luz difusa y cálida, sin contrastes fuertes, refuerzan la sensación de tranquilidad. Todo está en calma, solo se escucha el rumor de los remos hundiéndose en las aguas y el susurro suave de la conversación: cosas sin mayor importancia que ilustran y entretienen al barquero; por eso saben todo lo que sucede en las pequeñas poblaciones de la ribera. Hay un leve matiz de galantería y simpatía en su expresión pero sobre todo respeto. En la popa del bote vemos marcadas las iniciales del pintor E.B.L., a modo de firma, y el año de ejecución, 1900. Edmund Blair, especialista en pintura de género e historia medieval, fue uno de esos artistas románticos, conocidos como prerrafaelitas, que aspiraban a influir en la moral de una sociedad que, a su juicio —y el mío—, había perdido gran parte de su sentido moral desde la Revolución Industrial. Por eso resalta ciertos valores más amenazados, como la calma, la cortesía o la bondad. La escena es idílica, casi irreal, sin la menor duda, pero envolvente. Propia del idealismo romántico, centrada en capturar una cotidianidad embellecida, con un enfoque en el detalle y la cortesía. Nos devuelve a un mundo sin prisas ni asperezas. No hay tensión, no hay urgencia: el río fluye lento, las flores están frescas, las ropas impolutas, las expresiones serenas. La pintura no pretende documentar, sino evocar. Es una escena de civilidad, de delicadeza en lo ordinario. Delicadeza en lo cotidiano… ¿no es acaso una muestra de ascesis y de virtud?
|
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico |
|
Refinamiento y dulzura de vivir Civilización implica la búsqueda del progreso rumbo a lo más elevado, a lo más bello, a lo más adecuado, a lo que esté más conforme con el orden establecido por Dios en el universo... |
|
¿Qué sería de la sociedad si todos fueran igualmente ricos? De las desigualdades que vemos en este mundo entre pobres y ricos, forman los enemigos de la piedad un argumento especioso en contra de la divina Providencia... |
|
¿Por qué Dios permite las enfermedades? La pregunta toca en uno de los misterios más recónditos de nuestra religión, y al mismo tiempo más bellos y consoladores: el misteriode la Divina Providencia... |
|
¿Puede un católico practicar yoga? Apreciado Monseñor: En la revista del mes de agosto último, usted escribió que el yoga y el reiki son ejercicios propios de corrientes panteístas. Mi hija asiste regularmente a misa los domingos, no obstante, practica yoga una vez por semana, para beneficiarse de las propiedades relajantes de los ejercicios, según me explicó. ¿Es posible que un católico practique yoga sin contaminarse con la doctrina religiosa subyacente?... |
|
No tratemos a los lobos como si fueran ovejas perdidas* Una visión unilateral de la parábola del Buen Pastor lleva a algunos a abandonar a las ovejas fieles para ir en busca del lobo, ponerlo cariñosamente sobre los hombros, e introducirlo en el redil... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino