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Plinio Corrêa de Oliveira
Confrontemos pues dos grupos de habitaciones populares, uno de una aldea tradicional en Inglaterra, Warwick, y otro en un barrio moderno de la ciudad de São José dos Campos, Brasil. Las habitaciones populares actuales, parecidas con las que existen en tantas y tantas ciudades modernas, en el mundo entero, constituyen un grupo de 3.500 residencias de concreto, con cinco cuartos cada una. ¡Qué tesoros de técnica y ciencia en todo esto! El concreto es un material de construcción resultante de una larga evolución práctica y científica. En cada una de estas viviendas, la ciencia hizo posibles las ventajas del agua corriente, de la luz eléctrica, del gas, el pasatiempo de la radio y de la televisión, el confort del teléfono. Desde este punto de vista, ¡qué inmensa transformación en contraste con las antiguas casas de Warwick: las deficiencias higiénicas, las dificultades de vida, y bajo algunos puntos de vista, la falta de confort físico que en ellas se sentiría por cualquier habitante de una ciudad contemporánea! Sin embargo, por otro lado, ¡qué falta de confort psíquico en estas casas modernas, con su estandarización inhumana, la monotonía y la severidad de sus masas rectangulares y sombrías, que hacen de cada vivienda un enfado; qué falta de abrigo detrás de las paredes de estas casas, abiertas a todas las miradas, a todos los ruidos, quizá a todos los vientos!
Aproximados los términos de la comparación, la conclusión es lógica. En cuanto al confort del cuerpo, podemos estar mejor servidos con las residencias de tipo moderno —al menos cuando tienen cinco buenos cuartos como éstas. Pero del punto de vista del confort del alma, ¡cuánto perdemos! ¿Sería posible armonizar en un estilo nuevo ambos conforts, del alma y del cuerpo? El estilo no es tanto el producto de un hombre, o de un equipo de hombres, sino más bien el de una sociedad, una época, una civilización. No creemos que este estilo aparezca sin que previamente el mundo de hoy se haya recristianizado. Y es para preparar este mundo nuevo fundamentalmente católico, que miramos con amor estos recuerdos del pasado cristiano de nuestra civilización.
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