Además del justo homenaje, los húngaros promovieron la total rehabilitación legal, moral y política del eminente purpurado, cruelmente perseguido por el régimen comunista. Carlos Eduardo Schaffer El día 31 de marzo pasado, en la catedral de Szombathely, en Hungría, a muy corta distancia de la frontera austriaca, fue celebrado el 120º aniversario del nacimiento del Cardenal József Mindszenty, Arzobispo-Príncipe de Esztergom y Primado de Hungría. La ciudad fue escogida para la celebración porque allí el eminente Purpurado frecuentó el seminario, fue ordenado sacerdote y consagrado obispo para asumir enseguida la diócesis de Veszprén. El Cardenal Peter Erdö, actual Primado de Hungría, celebró una Misa Pontifical en presencia de todo el episcopado húngaro, del obispo Ägidius Zsifkovics, de Eisenstadt (Austria), y de numeroso clero. Fieles admiradores del homenajeado y personalidades llenaron la espaciosa catedral. La ceremonia se revistió de especial importancia por celebrar también la completa rehabilitación del Cardenal Mindszenty frente a todas las condenaciones que sufriera en vida por parte del impío gobierno comunista húngaro (1947-1989) durante la parodia de juicio de febrero de 1949. A pedido del Cardenal Erdö, el Parlamento y la Corte Suprema de Justicia revisaron todo el proceso, declarando la completa inocencia, legal, moral y política del Cardenal Mindszenty. Fue entonces registrado que las acusaciones y condenaciones pronunciadas contra él por el gobierno comunista húngaro carecen de cualquier fundamento. Todas las personas comprometidas en aquel calumnioso proceso fueron excomulgadas.
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Es interesante recordar aquí que el Cardenal Mindszenty, antes de ser preso el 26 de diciembre de 1948, había dejado un documento en el Palacio Episcopal, en el cual declaraba no estar envuelto en ningún complot contra el Estado húngaro, y que cualquier declaración que le fuese arrancada en ese sentido sería bajo tortura o por la administración de drogas, lo que realmente ocurrió. Su inocencia fue aún atestada por el hecho de en el texto de su “confesión” él colocara, después de su firma, las letras c.f., iniciales de las palabras latinas coactus fecit (firmé coaccionado). Por ocasión del levantamiento contra el comunismo en 1956, el heroico cardenal obtuvo asilo en la representación norteamericana en Budapest, donde permaneció, sin poder salir, por espacio de quince años. Pero como su simple presencia en la capital húngara incomodaba al régimen comunista, éste exigió del Vaticano que el Purpurado fuese expulsado y que lo obligasen a renunciar a sus cargos eclesiásticos. Lo que ocurrió en 1971, durante el pontificado de Paulo VI. Ego debuissem mori in Hungaria (“Yo debía haber muerto en Hungría”), lamentó el cardenal, al sentirse víctima de la política de aproximación del Vaticano con el régimen marxista, la desastrosa Ostpolitik. En un artículo publicado en la “Folha de S. Paulo” (31-3-1974), Plinio Corrêa de Oliveira hizo un merecido elogio al Cardenal Mindszenty: “En este crepúsculo de lodo y de oprobio, el mundo entero se va dejando rodar, somnoliento y avergonzado, por los sucesivos precipicios de aceptación gradual del comunismo. No obstante, en el panorama de la devastación general, el Cardenal Mindszenty se ha erguido como el gran inconforme, el creador de gran caso internacional, de un rechazo inquebrantable que salva la honra de la Iglesia y del género humano. Su ejemplo —con el prestigio de la púrpura romana intacta en los hombros del robusto pastor valiente y abnegado— mostró a los católicos que no les es lícito acompañar a las multitudes que van doblando la rodilla ante Belial”.
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