Palabras del Director Nº 106 - Octubre 2010 - Año IX
Estimados amigos:

Entre las más intensas reminiscencias de la infancia, guardo aquellas plácidas tardes de octubre en que —después de salir del colegio— acompañaba a mi madre a la Iglesia de las Nazarenas, en el Centro de Lima, para que rezara la Novena al Señor de los Milagros.

Aquel ambiente, aquella solemnidad, aquel fervor, inspiraba en mi alma algo grandioso que aún no podía comprender. Más tarde, siguiendo la procesión desde un balcón en el Jirón de la Unión y acompañando por La Colmena al Señor Morado junto con mi familia, fui dando mis primeros pasos en esta devoción.

Recuerdo con nostalgia el mar humano vestido rígidamente de morado, las delicadas mantillas de las mujeres y los gruesos cordones blancos de los hombres, las zahumadoras con el incienso, la música y los cantos. A lo lejos el viento me traía las voces de melodiosos pregoneros, ofreciendo dulces y potajes que me estaba expresamente prohibido comer. Sin embargo, sabía que en compensación no faltaría en la mesa el centenario Turrón de Doña Pepa.

Hay tradiciones que lamentablemente se van perdiendo, mientras que otras persisten con impresionante vitalidad. Aunque el origen de esta devoción al Santo Cristo de Pachacamilla es bastante conocido entre el público peruano, su historia está cargada de ricos pormenores cuyo conocimiento no debemos soslayar y las jóvenes generaciones deben saborear.

En esta sucinta narración encontraremos manifiesto el deseo expresado por el Divino Redentor para que se le rinda en esta tierra un culto esplendoroso, que se opone a las corrientes miserabilistas que pretenden reducir la religiosidad a su mínima y paupérrima expresión.

En Jesús y María,

El Director
‹ Vida mecánica, vida natural Entre la luz y las tinieblas la armonía es imposible ›
Entre la luz y las tinieblas la armonía es imposible ›
‹ Vida mecánica, vida natural



Tesoros de la Fe N°106 octubre 2010


Tradición de fe, temblores y maravillas: El Señor de los Milagros
Nº 106 - Octubre 2010 - Año IX Entre la luz y las tinieblas la armonía es imposible Estaremos presenciando la muerte de la modestia Tradición de fe, temblores y maravillas El Señor de los Milagros Incongruencias en la lucha contra el sida San Juan de Capistrano Verdadera caridad y mera filantropía según San Pablo Vida mecánica, vida natural



 Artículos relacionados
Plinio Corrêa de Oliveira, un contemplativo Habiendo realizado una obra monumental que le exigió una actividad vastísima, nunca abandonó un modo de ser enteramente orientado hacia la contemplación de las cosas más elevadas, muy por encima de la agitación propia de la vida moderna...

Leer artículo

El Santísimo Sacramento de la Eucaristía Durante su glorioso Pontificado, el Papa san Pío X (1903-1914) impulsó extraordinariamente la piedad eucarística...

Leer artículo

¿La pobreza es el centro del Evangelio? Corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor). De modo un poco diferente, los antiguos decían: cuando el bueno se pervierte, se vuelve pésimo. Nada más noble y elevado que el ideal de la pobreza evangélica, pero nada más execrable que su deturpación...

Leer artículo

Pena de muerte: Una ejecución en Roma La Santa Iglesia, como buena madre, aunque acepte la aplicación de alguna sanción o pena, dispensa al alma de quien es castigado mil cuidados y cariños...

Leer artículo

En ciertos restaurantes, los celulares ya no tienen cabida en la mesa Hubo un tiempo no muy lejano en que la mesa de comedor era un espacio sagrado. El comedor era un santuario doméstico donde familias y amigos se congregaban para compartir los alimentos, intercambiar ideas y, de vez en cuando, discutir sobre política y religión. Allí los niños aprendían los primeros principios, las buenas maneras y las valiosas lecciones de vida que rara vez se transmiten en otros ámbitos. Hoy, sin embargo, ese espacio sagrado suele ser invadido por un huésped silencioso y no invitado: el teléfono móvil...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino