Entre las más intensas reminiscencias de la infancia, guardo aquellas plácidas tardes de octubre en que —después de salir del colegio— acompañaba a mi madre a la Iglesia de las Nazarenas, en el Centro de Lima, para que rezara la Novena al Señor de los Milagros. Aquel ambiente, aquella solemnidad, aquel fervor, inspiraba en mi alma algo grandioso que aún no podía comprender. Más tarde, siguiendo la procesión desde un balcón en el Jirón de la Unión y acompañando por La Colmena al Señor Morado junto con mi familia, fui dando mis primeros pasos en esta devoción. Recuerdo con nostalgia el mar humano vestido rígidamente de morado, las delicadas mantillas de las mujeres y los gruesos cordones blancos de los hombres, las zahumadoras con el incienso, la música y los cantos. A lo lejos el viento me traía las voces de melodiosos pregoneros, ofreciendo dulces y potajes que me estaba expresamente prohibido comer. Sin embargo, sabía que en compensación no faltaría en la mesa el centenario Turrón de Doña Pepa. Hay tradiciones que lamentablemente se van perdiendo, mientras que otras persisten con impresionante vitalidad. Aunque el origen de esta devoción al Santo Cristo de Pachacamilla es bastante conocido entre el público peruano, su historia está cargada de ricos pormenores cuyo conocimiento no debemos soslayar y las jóvenes generaciones deben saborear. En esta sucinta narración encontraremos manifiesto el deseo expresado por el Divino Redentor para que se le rinda en esta tierra un culto esplendoroso, que se opone a las corrientes miserabilistas que pretenden reducir la religiosidad a su mínima y paupérrima expresión. En Jesús y María, El Director
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Tradición de fe, temblores y maravillas: El Señor de los Milagros |
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¿El teclado está acabando con la pluma? El teclado aún no ha eliminado al bolígrafo. El Comité de Educación de la Asamblea de Nueva Jersey aprobó el año pasado por unanimidad el proyecto de ley 3865, que exige el regreso de la enseñanza de la caligrafía y de la escritura corrida a mano para los alumnos de tercer a quinto grado de las escuelas públicas... |
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El Tirol: tesoro de Europa central Estando en Alemania, de viaje por Baviera, vi a algunos tiroleses. Aún conservo en la retina a un hombre, observado por mí en aquella ocasión, quincuagenario, usando un sombrerito medio verdoso, coronado por una pluma —lo cual indicaba que él estaba dispuesto a emprender alguna actividad atlética en el campo— vistiendo una ropa que nada tenía de deportiva, en el sentido actual del término, aunque era un traje de campo: un chaquetón pesado, de buena calidad, medias de lana gruesas, en fin, tejidos preciosos en cuanto a su duración. Se notaba que aquella vestimenta fue confeccionada para durar muchos años…... |
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Cheverny: Lo maravilloso del equilibrio Considero que el panorama que se observa en esta ilustración es de gran categoría. Se trata del castillo de Cheverny, de estilo renacentista y clásico, situado en el valle del Loira, en Francia... |
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Yo, obispo exorcista En un reciente libro, el obispo de Isernia-Venafro, en Italia, describe sus experiencias de exorcista y las sorprendentes conclusiones a que fue llevado durante una década de práctica del Exorcistado... |
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