San Juan Bosco CUANDO EL ÁNGEL anunció a María la sublime dignidad de ser la Madre de Dios, le dijo también que su prima Isabel daría a luz a un niño, destinado por Dios, para preparar a las gentes a recibir al Mesías. María fue, sin pérdida de tiempo, a visitar a Isabel, y estuvo con ella tres meses, sirviéndola como una humilde sierva. Seis meses antes que el Salvador, nació el hijo prometido, que se llamó Juan, y fue apellidado después el Bautista, porque administraba el bautismo. Había sido escogido como precursor del Mesías. Niño aún, para evitar los tumultos del siglo, se retiró al desierto, donde llevó una vida angelical. Formaban su alimento langostas y miel silvestre, y una piel de camello y un cinturón de cuero su vestido. Al cumplir los treinta años de edad, recibió Juan del Señor la orden de pasar a las orillas del Jordán a predicar la penitencia y anunciar la venida del Mesías. Todos acudían a oír sus sermones, y conmovidos y arrepentidos de sus pecados, se convertían y recibían el bautismo.
Bautismo de Jesús Cumplidos los treinta años de edad, Jesús fue al desierto para que San Juan le bautizase. Aunque este no le conocía de vista, sin embargo, iluminado por el Espíritu Santo, salió a recibirle a orillas del Jordán y le dijo: —¿Tú quieres ser bautizado por mí, cuando yo tendría que serlo por ti? Jesús respondió: —Déjalo así por ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia. Juan consintió y, apenas Jesús fue bautizado, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo bajó sobre Él en forma de paloma. Se oyó al mismo tiempo una voz que dijo:"Este es mi hijo muy amado en quien tengo todas mis complacencias". De esta suerte Jesucristo fue solemnemente declarado verdadero Hijo de Dios, enviado para salvar a los hombres. Martirio de San Juan Bautista Jesús había bajado a la tierra para destruir el pecado, y San Juan, como precursor, predicaba con el celo más ardiente contra los vicios del pueblo. Herodes Antipas, hijo de aquel otro Herodes que ordenara la matanza de los Inocentes, en repetidas ocasiones había seguido sus consejos. Pero, instigado por la malvada Herodías, su cuñada, le hizo encerrar en un calabozo hasta que esta mujer halló la ocasión de darle muerte. Celebraba Antipas un solemne banquete y la hija de Herodías bailó tan diestramente en presencia de los invitados, que todos la colmaron de elogios. El rey mismo, medio ebrio, le dijo que pidiese lo que quisiera, aunque fuese la mitad de sus estados. Entonces la pérfida Herodías dijo a su hija que pidiera la cabeza de Juan Bautista, y Juan fue decapitado. El elogio del gran mártir de la verdad y de la justicia lo hizo el mismo Jesucristo, cuando dijo: —"Entre los nacidos de mujer no apareció jamás mayor que Juan Bautista". Dios no dejó impune tamaña maldad. Cuentan acreditados autores que Herodes, habiendo perdido la confianza de los romanos, fue depuesto de su dignidad y desterrado, muriendo así miserablemente él y su impía familia.
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