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Obispo y confesor Este santo de noble cuna fue monje cisterciense antes de convertirse en arzobispo de la ciudad de Bourges, en Francia, en el siglo XII. De gran humildad, dulzura y alegría, combatió intrépidamente a los herejes. Entregó su alma a Dios mientras preparaba una cruzada contra ellos. Plinio María Solimeo
Guillermo de Donjeon, también conocido como Guillermo de Bourges, nació alrededor de 1140 en el viejo castillo de Arthel, cerca de Nevers, en el seno de la antigua familia de los condes de Nevers. Era uno de los ocho hijos de Balduino de Corbeil y Eustaquia de Châtillon. Muy piadoso desde su infancia, su padre deseaba que se convirtiera en soldado, como la mayoría de los jóvenes de la nobleza de la época. Sin embargo, probablemente prevaleció el deseo de su madre, y Guillermo fue educado por su tío materno Pedro, archidiácono de Soissons, quien le enseñó a temer los peligros del mundo, a despreciar las riquezas y a conocer las alegrías del estudio unidas a la piedad. Algunos de sus biógrafos afirman que tenía un carácter sumamente complaciente y pacífico, y aunque heredó el título de su padre en el condado de Nevers, decidió optar por el sacerdocio como la forma más rica y tranquila de practicar los Mandamientos y salvar su alma.1 No obstante, la mayoría de los historiadores coinciden en que el futuro santo, además de ser extremadamente bondadoso, estaba dotado de una gran fuerza de voluntad y determinación, como veremos más adelante. En la vida monástica Después de ser ordenado sacerdote, Guillermo fue canónigo en Soissons y luego en París. Destacó por su profunda y singular devoción al Santísimo Sacramento, pasando horas enteras a los pies del altar en profunda contemplación. Deseoso de llevar una vida más perfecta, decidió dejarlo todo y dirigirse a la abadía de Grandmont, fundada por san Esteban de Muret (1046-1124), entonces famosa por su austeridad. Allí vivió con tal obediencia a la regla, tanta pureza y delicadeza de conciencia, que fue señalado como ejemplo de monje ante el Papa Inocencio III durante el IV Concilio General de Letrán. En este valle de lágrimas, estamos sujetos a toda clase de contratiempos y vicisitudes. Con la muerte del fundador, surgieron divisiones entre los monjes de la Orden de Grandmont, lo que disgustó profundamente a Guillermo. En 1180 se trasladó al monasterio de Pontigny, en Borgoña, una de las cuatro grandes filiales de la abadía del Cister, fundada en 1114. Allí vivió durante muchos años hasta que fue elegido prior. Más tarde se convirtió en abad de Fontaine-Jean y de Chalis, donde siguió caracterizándose por ser un modelo de virtudes. Arzobispo de Bourges A raíz del fallecimiento en 1200 de Enrique de Sully, arzobispo de Bourges, los canónigos de su catedral no lograban ponerse de acuerdo sobre quién debía sucederle, pues correspondía al cabildo nombrar al sucesor, quien posteriormente sería ratificado por el Papa. Entonces acudieron al arzobispo de París, Eudes de Sully, hermano del difunto, que había sido cantor en la iglesia de Bourges, pidiéndole que sugiriera un nombre para la sede vacante que fuera aceptado por el rey Felipe Augusto. El prelado les sugirió entonces el del abad Guillermo, que fue aprobado por el monarca. Cuando el santo se enteró de ello, sintió un profundo dolor y bajo ningún concepto quiso aceptar el nombramiento. Fue necesario que sus superiores, incluido el Papa Inocencio III, lo obligaran a doblegarse. El abad Guillermo fue entonces investido con la insignia episcopal, pero siguió practicando las virtudes del claustro con gran sencillez, dulzura y alegría contagiosa, conquistando el corazón de sus diocesanos. Los pobres y los enfermos pasaron a recibir toda su atención, que se extendía también a los que gemían en las cárceles. Gran predicador, los sermones y las prácticas del santo arzobispo sobre las verdades eternas obtuvieron muchas y perdurables conversiones.
Catedral de San Esteban San Guillermo fue una figura clave para continuar la construcción de la magnífica catedral gótica de Bourges, iniciada por su predecesor en 1195. Cuando se puso manos a la obra, solo se había completado la parte inferior del edificio. Pero en 1208, con el coro casi terminado, pudo celebrar allí la misa de Navidad. Cabe destacar que la participación del santo en las obras de la catedral no fue meramente pasiva. Participó muy activamente en su iconografía y reunió a un equipo de teólogos para que le ayudaran a planificar las esculturas y las vidrieras, con el fin de que sirvieran de alimento para la piedad de los fieles. El resultado fue tan gratificante que los historiadores afirman que la catedral de San Esteban se convirtió, en este aspecto, en un ejemplo único de edificio sacro a principios del siglo XIII. Polémica con Felipe II de Francia, llamado Felipe Augusto Los historiadores son unánimes al afirmar que san Guillermo poseía una inmensa bondad. Pero cuando se trataba de cuestiones de principios, era muy firme. Así actuó en defensa de la doctrina de la Iglesia, frente al todopoderoso rey Felipe II. Este monarca, el primero de la dinastía de los Capetos en llamarse rey de Francia, era sumamente hábil. Así, transformó un pequeño estado feudal en uno de los reinos más prósperos y poderosos de Europa. Habiendo enviudado de Isabel de Henao (1170-1190), en 1193 se casó en segundas nupcias con Ingeburga (1174-1236), hija del rey Valdemar de Dinamarca. Ahora bien, por motivos que no están del todo claros, poco después de la boda el rey quiso repudiar a su esposa, alegando que el matrimonio no se había consumado, lo cual la reina negaba. Y con la anuencia de barones y obispos complacientes, encarceló a Ingeburga —quien apeló al Papa— y se casó con Inés de Merán. Inocencio III, recientemente elegido, exigió al monarca que repudiara a Inés y volviera a vivir con Ingeburga. Ante la negativa de Felipe Augusto, el legado pontificio colocó al reino de Francia en entredicho. La mayoría de los obispos del reino se negaron a publicar la sentencia. Sin embargo, san Guillermo de Bourges no fue uno de ellos. Siguiendo las normas canónicas, suspendió el culto divino en su diócesis. Evidentemente, esta actitud disgustó profundamente al rey y a gran parte de su clero, que no querían someterse a la rígida disciplina de la Iglesia. ¿Cómo terminó este embrollo? Inés, que ya había dado un heredero al rey, falleció en 1198 al dar a luz a una hija, María de Francia. Como Felipe ya tenía asegurada la sucesión y necesitaba la ayuda del Papa y del rey de Dinamarca, en 1213 restituyó a Ingeburga en el trono, aunque se negó a convivir con ella. Así terminó este ruidoso caso.2
Cruzada contra los albigenses Durante los diez años que gobernó la arquidiócesis de Bourges, san Guillermo se destacó por las misiones que predicó contra los herejes, especialmente cátaros o maniqueos, a petición del papa Inocencio III. Este santo pontífice, que reinó de 1198 a 1216, había movilizado a los obispos para intentar que los herejes volvieran al buen camino, pero como esto fracasó, lanzó una cruzada contra ellos. El arzobispo de Bourges fue el primero en responder al llamamiento del Papa. Y, si la enfermedad seguida de muerte no lo hubiera impedido, habría acudido a luchar contra los albigenses junto a Simón de Montfort. De hecho, se estaba preparando para la cruzada, después de una visita pastoral que haría a su diócesis. Sin embargo, en diciembre de 1208, en pleno invierno, participó en las celebraciones de Navidad en su catedral inacabada, como hemos visto, pese a tener la salud resquebrajada. Últimos días Unos días después, también celebró la Epifanía en la catedral inconclusa. Hacía un frío glacial. La nave aún no tenía techo y por ella entraba una corriente de aire particularmente fuerte. Según su biógrafo, el prelado estaba con la cabeza descubierta y eso empeoró su estado ya febril. Luego se arrodilló en larga contemplación ante el altar del Santísimo Sacramento. Terminada la misa, se dirigió a su casa y fue directamente a la cama. Al comprender que sus días estaban contados, san Guillermo dictó su testamento. En él dice, entre otras cosas, que deseaba ser enterrado sobre cenizas y vestido con su cilicio de crin. Recibió los últimos sacramentos y entró en agonía. Pero aún tuvo fuerzas para arrodillarse y recibir la sagrada comunión. En su lecho de muerte, hizo jurar a su capítulo que entregaría su cuerpo a los cistercienses. Postrado en el suelo sobre cenizas, tal y como había pedido, entregó su espíritu al Creador. Era el 10 de enero de 1209. Su cuerpo fue expuesto a la veneración de los fieles en el centro de la catedral, donde fue enterrado. Sumidos en un profundo dolor, el pueblo acudió en masa para lamentar la muerte de su querido arzobispo. El cuerpo de san Guillermo fue posteriormente sepultado en una capilla de la cripta, mandada construir por la señora Donzy, condesa de Nevers, sobrina nieta del santo. Esta capilla alberga hoy en día la representación del Santo Sepulcro de Jesucristo. Vida post mortem Guillermo de Bourges gozaba en vida de fama de santidad, ya que se le atribuían dieciocho curaciones milagrosas. Por eso, tan pronto como falleció, los feligreses de su diócesis comenzaron a recurrir a él en sus necesidades. En poco tiempo se reportaron otros dieciocho milagros, obtenidos por su intercesión ante su tumba. Por lo cual el Papa Honorio III promulgó la bula de su canonización el 17 de mayo de 1218, apenas ocho años después de su fallecimiento, lo cual es bastante excepcional. Luego de su canonización, su cuerpo fue exhumado y expuesto detrás del altar mayor de la catedral de Bourges, donde permaneció hasta 1562. San Guillermo de Bourges está considerado como el santo patrón de la Universidad de París.3
Notas.- 1. https://www.la-croix.com/Saints/Saint-Guillaume.
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Martirizado en París el 21 de enero de 1793 |
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