No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo crecer sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que esta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos errores producen una trágica cosecha en aquellos que, si bien en los días de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energía, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos solo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesión de su religión implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del divino Redentor.
S. S. Pío XII, encíclica Summi Pontificatus, n.º 6, 20 de octubre de 1939.
|
Lección de fe y confianza en el Sagrado Corazón |
|
Una alabanza perfecta Santana de Parnaíba, a 40 kilómetros de São Paulo, Brasil, es conocida como la “cuna de los bandeirantes”, porque de allí partían estos célebres exploradores rumbo “al interior”, a la selva agreste y desconocida... |
|
La Encarnación del Verbo de Dios Llegó, pues, el dichoso día en que despreciando el Altísimo los largos siglos de tan pesada ignorancia, determinó manifestarse a los hombres, y dar principio a la redención del linaje humano, tomando su naturaleza en las entrañas de María Santísima... |
|
El demonio: el gran mentiroso El influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a través del engaño, la mentira y la confusión... |
|
Idolatría y culto a las imágenes Idolatría es prestar un culto de adoración a un ídolo. Ídolo es la representación de una falsa divinidad. Los pueblos antiguos —y aún hoy muchos pueblos paganos— daban culto a falsas divinidades, a veces hasta con ritos sangrientos u obscenos... |
|
Nuestra Señora de Coromoto El trono y la base de esta imagen de Nuestra Señora de Coromoto combinan de un modo muy armonioso. El trono, con el respaldo alto y la curvatura superior, realza muy bien la elevación de la Santísima Virgen, indicando que tiene plena conciencia de su propia majestad... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino