Estimados amigos: “Las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a santa Margarita María de Alacoque tuvieron lugar, en el convento de Paray-le-Monial, entre diciembre de 1673 y junio de 1675. Años después, otra religiosa visitandina, la venerable Anne-Madeleine Rémuzat del convento de Marsella, recibió la inspiración de recurrir al Divino Corazón para enfrentar victoriosamente la peste que en 1720 diezmaba a la población de aquella importante ciudad portuaria francesa. Fue entonces que, en un acto de audacia, el piadoso y valiente obispo Henri de Belsunce, en ceremonia pública que tuvo lugar el 1 de noviembre de aquel año, consagró la ciudad y la diócesis de Marsella al Sagrado Corazón de Jesús. Una admirable lección de fe y confianza en el Divino Corazón, que en nuestros días estamos llamados a renovar. En un célebre escrito, Plinio Corrêa de Oliveira resumía así las perspectivas de nuestra época: “La guerra, la muerte y el pecado, se están presentando para devastar nuevamente el mundo, esta vez en proporciones mayores que nunca. “La próxima guerra, sin ser explícita y directamente una guerra de religión, afectará de tal manera los más sagrados intereses de la Iglesia que un verdadero católico no puede dejar de ver en ella principalmente el aspecto religioso. Y la mortandad que se desencadenará será, por cierto, incomparablemente más devastadora que la de los siglos anteriores. ¿Quién vencerá? ¿La Iglesia? “El futuro pertenece a Dios. Muchas causas de tristeza y de recelo nos asaltan, incluso al observar a algunos hermanos en la fe. En el fragor de la lucha, es posible y hasta probable, que suframos terribles decepciones. Pero es absolutamente cierto que el Espíritu Santo continúa suscitando en la Iglesia admirables e indomables energías espirituales de fe, pureza, obediencia y dedicación, que en el momento oportuno cubrirán de gloria, una vez más, el nombre cristiano”. En Jesús y María, El Director
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Lección de fe y confianza en el Sagrado Corazón |
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Notre Dame de París, la luz y las llamas En el lejano tiempo en que la reforma litúrgica impuesta por el Concilio Vaticano II encontraba adeptos ardientes, la celebración de la misa fue adquiriendo un tono festivo, con canciones nuevas y sermones optimistas, en medio de deplorables representaciones escénicas. Todo hecho a medida para que la misa perdiera su contenido de misterio... |
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El traje, espejo de una época Desde un punto de vista meramente material, es decir, en cuanto al servicio que presta al cuerpo, el traje es un mero abrigo. A lo sumo se le puede reconocer la función de proteger un cierto pudor que brota de las profundidades del instinto. Pero quien reconoce que el hombre no es únicamente materia, sabe también que el traje no es solo un abrigo, sino que, según el orden natural de las cosas, debe prestar asimismo un servicio al espíritu... |
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Nada repugna tanto a la razón como una igualdad absoluta entre los hombres Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente. Mas como no pueden ser iguales... |
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No tratemos a los lobos como si fueran ovejas perdidas* Una visión unilateral de la parábola del Buen Pastor lleva a algunos a abandonar a las ovejas fieles para ir en busca del lobo, ponerlo cariñosamente sobre los hombros, e introducirlo en el redil... |
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¿Cómo hacer una buena confesión? Nunca me confesé y quisiera saber qué debo hacer antes de contarle mis pecados a un sacerdote... |
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