Es mediodía. Veo la iglesia abierta. Es preciso entrar. Madre de Jesucristo yo no vengo a rezar. No tengo nada que ofrecer ni nada que pedir. Vengo solamente, madre, para miraros. Miraros, llorar de felicidad, saber esto, Que soy vuestro hijo, y que aquí estáis. Solo por un momento mientras todo se detiene. Mediodía. Estar con vos, María, en el lugar en que estáis. No decir nada, pero solamente cantar porque se tiene el corazón colmado, Como el mirlo que sigue en idea en sus espacios de canciones repentinas. Porque eres bella, porque eres inmaculada, La mujer en la gracia al fin restituida. La criatura en su honor primero y en su final ensanchamiento, Tal como ha salido de Dios en la mañana de su esplendor original, Intacta, inefablemente porque eres la madre de Jesucristo. Que es la verdad entre vuestros brazos y la sola esperanza y el solo fruto. Porque eres la mujer, el Edén de la antigua ternura olvidada, Cuya mirada encuentra el corazón de súbito y hace brotar las lágrimas acumuladas. Porque me has salvado, porque has salvado a Francia, Porque ella también como yo, por vos, fue esta cosa en la que se piensa, Porque en la hora en que todo crujía, fue entonces que interviniste, Porque has salvado a la Francia, una vez más, Porque es mediodía, porque estamos en este día de hoy, Porque estás aquí para siempre, simplemente porque eres María, simplemente porque existes, ¡Madre de Jesucristo, recibid nuestras gracias!
Paul Claudel (1868-1955), La Vierge à midi, in “Letras”, nº 2, Santiago, 1930.
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Una promesa, una esperanza Basílica de la Madonna de Monte Bérico |
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Instituciones altamente aristocráticas Habrá sorprendido a más de uno cuando el augusto pontífice Pío XII, en un discurso a la nobleza romana (16-1-1946), afirmó que todos los pueblos, sin exceptuar los democráticos, deben tener instituciones altamente aristocráticas: “De ahí que en todos los pueblos civilizados existan y tengan influencia instituciones eminentemente aristocráticas en el sentido más alto de la palabra, como son algunas academias de vasto y bien merecido renombre... |
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San Gregorio el Iluminador Al contrario de lo que se piensa, san Gregorio no fue el primero en introducir el cristianismo en Armenia. Según una antigua tradición local, varios apóstoles predicaron allí, y algunos de ellos —como san Bartolomé y san Judas Tadeo— encontraron la muerte en aquella tierra. El primero habría sido martirizado en Albanópolis, siendo, según unos, decapitado, y según otros, desollado vivo y crucificado cabeza abajo, por orden de Astiages, por haber convertido a su hermano Polimio, rey de Armenia. A san Judas se le atribuye la evangelización de aquella región... |
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Nuestra Señora de Coromoto El trono y la base de esta imagen de Nuestra Señora de Coromoto combinan de un modo muy armonioso. El trono, con el respaldo alto y la curvatura superior, realza muy bien la elevación de la Santísima Virgen, indicando que tiene plena conciencia de su propia majestad... |
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San Zacarías I No existen datos referentes a san Zacarías antes de su elevación al solio pontificio. Apenas se sabe que era de origen griego, establecido en Calabria, y que su padre se llamaba Policronio... |
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Tipos humanos característicos Alberto Durero, el célebre pintor alemán (1471-1528), nos dejó este autorretrato (Autorretrato a los 26 años; Museo del Prado, Madrid), famoso no solo por la belleza del modelo, sino sobre todo por el valor artístico de la obra... |
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