Estimados amigos: Las epidemias acompañan al ser humano prácticamente desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal o Jardín del Edén. ¡Quién no se impresionó, por ejemplo, al oír por primera vez la narración bíblica de las diez plagas de Egipto! Los propios Evangelios registran curaciones milagrosas de leprosos operadas por Nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 8, 1-4; Lc 17, 11-19). Griegos y romanos enfrentaron pandemias en su tiempo: Hipócrates lo hizo con el cólera y Galeno con la viruela. A fines de la Edad Media la “peste negra” diezmó a un tercio de la población europea. Y siglo y medio después la viruela se encarnizó con los habitantes nativos de América. A todas estas pandemias aventajó en número de víctimas la “gripe española” de 1917 a 1920. Pero el sufrimiento y la muerte, en la era cristiana, dio expansión a las obras de caridad y de misericordia. Hospitales, sanatorios, lazaretos, se levantaron por todas partes. Nacieron también las rogativas y procesiones para aplacar a la justicia divina. Sobresaliendo en las calamidades el heroísmo de los santos, que se desvelaron para atender espiritual y materialmente a los apestados. Luego, como que conmovido por tantos e insistentes ruegos, Dios misericordioso acudió en auxilio de sus hijos arrepentidos. Y lo hizo comúnmente a través de una imagen, de un sacramental o de una aparición. Un ícono de María, “Salus Populi Romani”, aplacó la peste en la Ciudad Eterna el año 590, y el Cristo milagroso de San Marcelo la salvó nuevamente en 1522. El detente del Sagrado Corazón de Jesús detuvo la peste de Marsella en 1720; y, la Medalla Milagrosa curó a miles de enfermos y consoló a los afligidos durante la epidemia de cólera que asoló a Francia en 1832. Pero fue la Virgen de Monte Bérico, en persona, que se apareció en 1426 y 1428 a las afueras de Vicenza, para poner fin a los padecimientos que asolaban cruelmente al noreste de Italia. Sobre este último suceso, con la venia de nuestros lectores, nos extendemos a continuación. En Jesús y María, El Director
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Una promesa, una esperanza Basílica de la Madonna de Monte Bérico |
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La Santa Misa: ¿actualización de la Última Cena o renovación incruenta del Santo Sacrificio del Calvario? Aunque el Santo Sacrificio de la Misa fue instituido durante la Cena Pascual, su esencia consiste en la renovación incruenta del Sacrificio de la Nueva Alianza, que al día siguiente Jesucristo consumó en el Calvario... |
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El genio artístico de Italia Para entender el espíritu italiano, es necesario tener en cuenta que comprende dos aspectos: uno consiste en imaginar un mundo como podría ser: el de los sueños; el otro, la realidad concreta, en la que los italianos entran con un gran sentido de esta realidad... |
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La vida de los pastores de Belén San Lucas describe una de las notas particularmente suaves y dulces de la noche bendita en que nació el Salvador. Procede de los pastores que vivían en las proximidades de la gruta de Belén y vinieron a adorarlo, embargados de admiración, humildad y noble encanto... |
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El controvertido tema de la Inquisición Para una valoración serena y equilibrada de la cuestión es necesario, por un lado, remontarse a los principios teológicos; y por otro, describir adecuadamente el contexto histórico en el que los Papas nombraron a los inquisidores para juzgar las causas de herejía y sancionar a los culpables... |
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Palazzo Ducale de Venecia El Palacio de los Dogos, en Venecia, es mundialmente famoso. También se conoce como Palazzo Ducale, en italiano. Es el palacio del esplendor. Doge es la forma italiana de dux, palabra latina que significa jefe, líder, príncipe. De esta expresión se derivó el título nobiliario equivalente de duque, que adaptado al dialecto del Véneto, dio origen a doxe, título del jefe de Estado de la república aristocrática de Venecia... |
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