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El padre Schouppe, misionero jesuita que vivió a finales del siglo XIX y principios del XX, fue un prolífico autor de obras de carácter teológico y exegético bíblico. Dejó varios libros muy populares, entre los que destaca “El dogma del purgatorio ilustrado por hechos y revelaciones particulares”, del cual citamos los textos siguientes. Francisco Xavier Schouppe SJ
El dogma del purgatorio es tenido en el olvido con demasiada frecuencia por parte de la mayoría de los fieles; la Iglesia Purgante, en la que dichos fieles tienen tantos hermanos a los que hay que ayudar y por la que ellos mismos tendrán que pasar muy pronto, al momento de su muerte, parece serles ajena. Este olvido, verdaderamente deplorable, hizo gemir a san Francisco de Sales: “Desgraciadamente no recordamos lo suficiente a nuestros queridos difuntos: su memoria parece perecer con el sonido de las campanas”. La causa principal de esto es la ignorancia y la falta de fe: tenemos nociones demasiado vagas acerca del Purgatorio y además muy poca fe. Por lo tanto, debemos mirar más de cerca esta vida más allá de la tumba, este estado intermedio de las almas justas, que aún no son dignas de entrar en la Jerusalén celestial, con el fin de distinguir los diferentes conceptos y reavivar nuestra fe. * * * El Purgatorio ocupa un lugar importantísimo en nuestra santa religión: conforma una de las partes principales de la obra de Jesucristo y juega un papel esencial en la Economía de la Salvación del hombre. Recordemos que la Santa Iglesia de Dios, considerada en su totalidad, consta de tres partes: la Iglesia Militante, la Iglesia Triunfante y la Iglesia Sufriente o Purgante. Esta triple Iglesia constituye el cuerpo místico de Jesucristo y las almas del Purgatorio no son menos importantes que los fieles en la Tierra y los elegidos en el Cielo. La Iglesia en el Evangelio se llama ordinariamente el Reino de los Cielos, y el Purgatorio, así como lo son el Cielo y la Iglesia terrenal, es una provincia de este vasto reino. Las tres Iglesias hermanas tienen una relación incesante, una comunicación continua entre ellas, que se llama la Comunión de los Santos. * * * La oración por los difuntos, los sacrificios, los sufragios por los difuntos forman parte del culto cristiano, y la devoción a las almas del Purgatorio es una devoción que el Espíritu Santo derrama con caridad en los corazones de los fieles. Rezar por los difuntos es un pensamiento santo y saludable, para que sean liberados de sus pecados (2 Mac 12, 46). La Justicia de Dios es terrible y castiga con extremo rigor las faltas más leves. La razón de ello es que estas faltas, aunque nos parezcan leves, no lo son de ninguna manera a los ojos de Dios. El más mínimo pecado le desagrada infinitamente, y por la infinita Santidad que es ofendida, la más pequeña transgresión toma enormes proporciones, exigiendo una enorme expiación. Esto es lo que explica la terrible severidad del castigo de la otra vida y lo que debe infundirnos un santo temor.
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