Gary Isbell Hubo un tiempo no muy lejano en que la mesa de comedor era un espacio sagrado. El comedor era un santuario doméstico donde familias y amigos se congregaban para compartir los alimentos, intercambiar ideas y, de vez en cuando, discutir sobre política y religión. Allí los niños aprendían los primeros principios, las buenas maneras y las valiosas lecciones de vida que rara vez se transmiten en otros ámbitos. Hoy, sin embargo, ese espacio sagrado suele ser invadido por un huésped silencioso y no invitado: el teléfono móvil. La cadena norteamericana Chick-fil-A ha decidido combatir esta incompatibilidad entre comidas y pantallas. Ofrece un helado IceDream (sueño helado) gratuito a quienes depositan sus teléfonos en el “corral de los móviles”. Esta novedosa idea ha despertado gran interés entre los empresarios y dueños de restaurantes y se está difundiendo rápidamente. El silencioso drenaje del cerebro Nos gusta pensar que podemos ignorar nuestros dispositivos, pero la ciencia sugiere lo contrario. Un fascinante estudio de la Universidad de Texas en Austin revela que la mera presencia del teléfono móvil basta para disminuir la capacidad mental, incluso cuando el aparato está apagado. Los investigadores descubrieron que la capacidad cognitiva se reduce significativamente cuando el aparato se encuentra simplemente al alcance de la mano. ¿La razón? Una parte del cerebro se ocupa activamente para resistir a la tentación de coger el dispositivo. En efecto, nuestro cerebro —todavía más poderoso que la inteligencia artificial y que Google— se fatiga al luchar contra el impulso de mirar qué sucede en el mundo digital. El gesto más elocuente Si los teléfonos consumen silenciosamente nuestras reservas cognitivas, ¿qué hacen con nuestras relaciones? La comunicación humana es sumamente compleja: más del 55% de nuestra conexión con los demás se transmite mediante señales no verbales como las expresiones faciales, el lenguaje corporal, los gestos, la postura, el tono de voz y la mirada. Colocar el teléfono sobre la mesa envía un mensaje claro, aunque quizá involuntario: Tú eres únicamente mi entretenimiento provisional, hasta que me llegue una mejor notificación. Incluso si su genuina intención es estar presente, el lenguaje corporal expresa lo contrario. Apartar el dispositivo de la vista es un acto fundamental de respeto: demuestra que la persona que se tiene enfrente es más importante que el vacío infinito de Internet. Una rebelión culinaria Afortunadamente, se está gestando una rebelión silenciosa. Aunque más del 80% de las familias estadounidenses aún se reúnen alrededor de la mesa, solo el 25% lo hace sin distracciones digitales. Conscientes de ello, los empresarios de la hostelería han decidido intervenir para salvarnos de nosotros mismos. Cada vez más bares y restaurantes en Estados Unidos se declaran orgullosamente zonas libres de celulares. Los clientes guardan voluntariamente sus dispositivos en fundas especiales que solo pueden abrirse fuera del área de comedor. Los mozos abandonan las tabletas y vuelven a tomar los pedidos a mano. El objetivo es recuperar el calor de la interacción personal. Y la gente lo celebra: más de la mitad de la Generación Z y de los Millennials, el 40% de la Generación X y casi un tercio de los Baby Boomers buscan activamente maneras de desconectarse intencionadamente mientras comen. Comida rápida y vínculos profundos Uno de los pioneros de este movimiento analógico es una cadena de comida rápida. Para desafiar las normas culturales modernas, los restaurantes Chick-fil-A de Georgia han introducido el “corral de móviles” —una pequeña caja colocada discretamente sobre las mesas— y muchos más están siguiendo su ejemplo. El desafío es sencillo: las familias que consiguen mantener sus teléfonos guardados durante toda la comida reciben como recompensa un helado IceDream gratuito. Más de doscientas sucursales han adoptado este ingenioso incentivo, logrando intercambiar el aislamiento digital por una bola de helado y una conversación auténtica. Como señaló el expresidente Ronald Reagan al dejar el cargo, todo gran cambio en los Estados Unidos comienza en la mesa de comedor. Tal vez haya llegado el momento de que nosotros también aceptemos el desafío. La próxima vez que se siente a comer, deje el teléfono en el auto o en algún otro lugar. Comience una conversación, formule una pregunta reflexiva o simplemente mire por la ventana y disfrute del paisaje. Internet seguirá ahí cuando termine el postre. Sus compañeros de mesa, quizá no.
|
Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico |
|
La familia, solución para la crisis contemporánea Se puede decir con Francis Godard, autor de La Famille, affaire de générations, que la familia, en su concepción tradicional, es “el lugar de la fundación permanente del relacionamiento humano fundamental en aquello que él deriva directamente del orden divino... |
|
Santa Juliana de Cornillon Hacia el año 1050, cuando fue vencida la herejía de Berengario de Tours, que negaba la transubstanciación, se avivó la piedad popular con relación a la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar... |
|
Quien no se encoleriza cuando lo exige la razón, peca Podemos entender la ira de dos modos. Primero, como un simple movimiento de la voluntad por el que se inflige una pena no por pasión, sino por un juicio de la razón... |
|
San Alfonso de Orozco El siglo de Oro español no se compara con ningún otro periodo de la historia europea por el esplendor que alcanzó en prácticamente todos los campos de la actividad humana... |
|
El auténtico pueblo ruso antes de 1917 El pueblo ruso quedó sometido al yugo comunista durante 70 años. Y la tiranía fue tal, que se podría decir —con excepciones, claro está— que la mentalidad auténtica de aquel pueblo fue aniquilada. ¡Lo cual es catastrófico para un país!... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino