Si se quiere encubrir un mal o favorecer y excusar un vicio, se grita a voz en cuello por “tolerancia”. Aparentan esos hidalgos de la tolerancia ¡que su famosa tolerancia es el gran distintivo de los hombres cultos! ¿Es así? Preguntamos: ¿Tolerancia? ¿Con quién o con qué cosa? ¿Tolerancia con el pecado y con el crimen? ¡Lo debemos odiar y condenar! ¿Tolerancia con el pecador y el criminal? ¡Lo debemos amar y enmendar! ¿Tolerancia con el error? ¡Lo debemos odiar y combatir! ¿Tolerancia con el que yerra? ¡Lo debemos amar e instruir! No tenemos derecho de tolerar el mal; debemos odiarlo. Ni tenemos derecho de tolerar a los malos, los debemos amar. Donde en las cosas de la fe y moral haya claros conceptos y firmes convicciones, allí no cabe la decantada tolerancia, sino sólo el odio o el amor. Mons. Federico Kaiser, Contesta la Biblia, Editorial Salesiana, Lima, 1989, 5ª edición, p. 115.
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