Estimados amigos: Cuando una madre de familia llora, muchas veces se debe a una mala conducta de sus hijos. Después de reiteradas advertencias, no teniendo nada más que decir, se manifiesta entre lágrimas. ¿Y cuando esa madre que llora es la propia Madre de Dios? ¿Qué puede haberle provocado semejante llanto? ¿Tendrá algo que ver con la situación del mundo, de la Iglesia o de sus hijos? El 21 de julio de 1972, los periódicos del mundo entero publicaron una desgarradora fotografía de la Madre Dolorosa que sorprendió y conmovió a innumerables personas: ¡una imagen de Nuestra Señora de Fátima vertiendo lágrimas! La foto era de la imagen peregrina internacional de Nuestra Señora de Fátima, una de las cuatro talladas en cedro brasileño bajo la directa orientación de la hermana Lucía, a quien la Santísima Virgen se le apareció en 1917, junto a sus primos Francisco y Jacinta. En julio de 1972, esta imagen estaba siendo venerada en una iglesia de la ciudad de Nueva Orleans (Estados Unidos) cuando vertió lágrimas en catorce ocasiones. El milagroso llanto fue ampliamente noticiado y confirmado por numerosas personas. Con el fin de obtener una prueba cabal de que se trataba realmente de un milagro, el padre Elmo Romagosa hizo varios experimentos con la imagen, y al no encontrar ninguna explicación natural para el prodigio, cayó de rodillas y creyó. Plinio Corrêa de Oliveira, en un artículo publicado en la “Folha de S. Paulo” (6-8-1972), presenta una interpretación de esta sublime lacrimación: una advertencia a la humanidad pecadora por permanecer sorda al Mensaje que la Virgen anunció en 1917 en la Cova da Iria. Al conmemorarse este año el 50º aniversario de este “milagroso aviso” —una advertencia profética para la humanidad prevaricadora—, transcribimos el memorable artículo. En Jesús y María, El Director
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