Nos aproximamos de la magna fecha de la Cristiandad: la Natividad de nuestro adorable Redentor. Razón por la cual presentamos en este número algunas reflexiones que auxilien a nuestros lectores a meditar adecuadamente sobre el misterio del nacimiento del Divino Infante. Debido a la progresiva paganización de las costumbres, se vuelve cada vez más difícil para el verdadero católico conmemorar dignamente el sagrado evento y defenderse de la avasalladora onda neopagana. Tal avalancha tiende a transformar la Navidad en un acontecimiento meramente humano y material, en que el nacimiento del Dios encarnado cede lugar a la figura caricaturesca de Papá Noel. Como reacción a tales deformaciones anticristianas, es laudable el reciente movimiento popular ocurrido en ciertas regiones de Alemania —famosas por sus celebraciones cristianas de la Navidad— que obtuvo la prohibición de Papá Noel. Éste venía sustituyendo la simpática figura del obispo católico San Nicolás de Bari, cuya aparición en época navideña, distribuyendo regalos a los niños, era una costumbre multisecular. Como preparación para la Navidad, les ofrecemos unos apuntes sobre el origen y la dilatación de la devoción a Nuestra Señora de la Expectación del Parto —conocida como la Virgen de la “O”— particularmente entre nosotros. No hay Navidad sin Jesús; tampoco sin una oración en familia, unos regalos como señal de afecto y una buena comida, aunque sea como la de los humildes pastores de Belén. Al despedirme, formulo votos para que con ocasión de la fiesta navideña crezca en vuestras almas la comprensión, el amor y la gratitud a la infinita misericordia de Dios, que se hizo hombre para padecer por nuestra Redención. En Jesús y María, El Director
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Nuestra Señora de la “O” La Virgen de la Expectación del Parto |
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El Árbol de Navidad del señor D’Auvrigny Desde tiempos inmemoriales la aldea y el castillo mantenían entre sí las mejores relaciones. El conde de Auvrigny era caritativo y a la menor dificultad recurrían al señor, que se encargaba de resolver sus cuestiones... |
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¿Deberíamos pedir a nuestros párrocos que reabran las iglesias? En vista de las limitaciones en el contacto social impuestas en relación con la pandemia de coronavirus, pregunto al ilustre sacerdote si la actitud radical de cerrar las iglesias puede considerarse correcta... |
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