Cansados de la “comida rápida” —que algunos no dudan de tildar de “comida chatarra”— los paladares del mundo entero se vuelven con nostalgia hacia la comida tradicional. Hastiados, quizás, de tanta pobreza culinaria, de ingredientes escasos y de mala calidad, de cocineros improvisados, de recetas simplonas, de tanta hamburguesa y salchipapas, que no dan lugar al pensamiento y a la trascendencia, parece que nuestros contemporáneos finalmente han comprendido que comer es mucho más que alimentarse. Que se trata más de un acto social, que de una función fisiológica. Y que nada contribuye más a la división en una familia, que encender la televisión a la hora de las comidas; máxime cuando cada uno quiere comer viendo “su” televisión… Y no olvidemos que la buena mesa tiene además un saludable efecto espiritual, como manifestación de virtudes de quien la prepara y la sirve, y sobre todo porque no sólo congrega sino que une a la familia, especialmente cuando es acompañada de una amena e interesante conversación. Sobre este apetitoso tema, versa el siguiente artículo, fruto de la centelleante pluma de Nelson Fragelli; que junto a los artículos sobre la Virgen de la Almudena —muy venerada también en el Cusco— y la Fiesta de Todos los Santos, componen el menú principal del presente número. En Jesús y María, El Director
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Todos los Santos |
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Lo maravilloso, el Palacio del Louvre y la pirámide Dios desea que vivamos rodeados de maravillas, y que nos maravillemos con todo lo que es bello... |
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Una de las más bellas miradas Hay mucha distinción en el rostro de la santa carmelita y en el conjunto de su cuerpo. Un rostro plácido, tranquilo y sereno... |
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El uso de charreteras en los uniformes militares Se podría escribir un opúsculo sobre la razón de ser de las charreteras, su valor simbólico y su decadencia... |
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Nadie puede servir a dos señores Quienes buscan servir a dos señores son mucho más peligrosos y más funestos que los enemigos declarados, no sólo porque los secundan en sus esfuerzos, sino también; porque toman una apariencia de integridad y de doctrina irreprochable... |
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El poder de San José Tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que, tanto de esta necesidad como de otras mayores, de perder la fama y el alma, este padre y señor mío me libró mejor de lo que yo lo sabía pedir... |
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