Pentecostés
El Padre ama necesaria e infinitamente al Hijo, y el Hijo ama con esta misma intensidad al Padre, y el Padre y el Hijo amándose necesariamente sin poder dejar de amarse con este amor infinito, producen un término eterno de su amor, llamado Espíritu Santo, Espíritu Paráclito, la tercera Persona, distinta realmente de las dos primeras; pero inseparable de ellas, eterno, infinito, Dios como el Padre y el Hijo, de quienes procede por cierta espiración de la voluntad o del amor, de donde toma el nombre de Espíritu Santo.
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Devociones marianas en el mundo |
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Artículo de portada
Luz, el mayor regalo Fue en plena noche. Las tinieblas habían llegado al auge de su densidad. Todo en torno de los rebaños era interrogación y peligro. Quizás algunos pastores, relajados o vencidos por el cansancio, estuviesen durmiendo... |
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