Pentecostés
El Padre ama necesaria e infinitamente al Hijo, y el Hijo ama con esta misma intensidad al Padre, y el Padre y el Hijo amándose necesariamente sin poder dejar de amarse con este amor infinito, producen un término eterno de su amor, llamado Espíritu Santo, Espíritu Paráclito, la tercera Persona, distinta realmente de las dos primeras; pero inseparable de ellas, eterno, infinito, Dios como el Padre y el Hijo, de quienes procede por cierta espiración de la voluntad o del amor, de donde toma el nombre de Espíritu Santo.
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Devociones marianas en el mundo |
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Artículo de portada
Nuestra Señora de Guadalupe Bellísima imagen de madera policromada, vestida y con cabellera, de unos 70 cm. de alto, de rostro muy agraciado y devoto, así como el Niño Dios, que sostiene en su mano izquierda mientras que con la diestra lo estrecha amorosamente contra su pecho... |
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