2 de abril +Santoral
Jueves Santo Nuestro Señor, en una manifestación extrema de amor divino por sus hijos en este mundo, en la víspera de su crucifixión, resurrección y ascensión al cielo, instituyó el sacramento eucarístico en la Última Cena, la postrera con los apóstoles, para no abandonarnos nunca, permaneciendo en la tierra, quedando físicamente presente en el sagrario. No apenas de manera simbólica, sino realmente presente bajo las apariencias de las sagradas especies consagradas (el pan y el vino). Así, estando siempre entre nosotros —para escuchar nuestras súplicas y atenderlas, cuando fuere necesario para nuestra salvación eterna— cumplió con esta promesa divina: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos” (Mt 28, 20).
  Devociones marianas en el mundo

feb2008

150 años de una maravillosa alianza de la Inmaculada Concepción con los hijos de la Luz
Artículo de portada
En Lourdes, Nuestra Señora coliga a sus hijos para la victoria final
Quien peregrinó a Lourdes lleva grabada en el corazón como que una reproducción de la gruta de Massabielle. Hacia ella se volverá con nostalgia y confianza en las horas más difíciles, con la certeza de ser atendido. Y basta rememorar aquel recuerdo para que renazca en sí el deseo, casi diría irrefrenable, de volver algún día a la gruta de la Virgen...

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Página Mariana
En Lourdes, Nuestra Señora coliga a sus hijos para la victoria final
Quien peregrinó a Lourdes lleva grabada en el corazón como que una reproducción de la gruta de Massabielle. Hacia ella se volverá con nostalgia y confianza en las horas más difíciles, con la certeza de ser atendido. Y basta rememorar aquel recuerdo para que renazca en sí el deseo, casi diría irrefrenable, de volver algún día a la gruta de la Virgen...

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