Pentecostés
El Padre ama necesaria e infinitamente al Hijo, y el Hijo ama con esta misma intensidad al Padre, y el Padre y el Hijo amándose necesariamente sin poder dejar de amarse con este amor infinito, producen un término eterno de su amor, llamado Espíritu Santo, Espíritu Paráclito, la tercera Persona, distinta realmente de las dos primeras; pero inseparable de ellas, eterno, infinito, Dios como el Padre y el Hijo, de quienes procede por cierta espiración de la voluntad o del amor, de donde toma el nombre de Espíritu Santo.
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Devociones marianas en el mundo |
Prodigiosa imagen de Nstra. Sra. del Buen Suceso, Monasterio de la Limpia Concepción de Quito |
Artículo de portada
María del Buen Suceso Hacia fines del siglo XVI y comienzos del XVII, la Santísima Virgen previó, en sucesivas apariciones a la abadesa del Monasterio de la Limpia Concepción de Quito, las catástrofes espirituales y materiales de nuestra época... |
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