Pentecostés
El Padre ama necesaria e infinitamente al Hijo, y el Hijo ama con esta misma intensidad al Padre, y el Padre y el Hijo amándose necesariamente sin poder dejar de amarse con este amor infinito, producen un término eterno de su amor, llamado Espíritu Santo, Espíritu Paráclito, la tercera Persona, distinta realmente de las dos primeras; pero inseparable de ellas, eterno, infinito, Dios como el Padre y el Hijo, de quienes procede por cierta espiración de la voluntad o del amor, de donde toma el nombre de Espíritu Santo.
|
Devociones marianas en el mundo |
Santuario de Fátima, Portugal |
Artículo de portada
Explicación y remedio para la crisis contemporánea Antes de 1914, se creía que la humanidad entraba en una era de oro. La ciencia y la tecnología resolverían todo y no habría necesidad de Dios. Las siguientes guerras vinieron a desmentir estas premisas y ahondaron la crisis moral. Se generalizó un optimismo febricitante que rechaza toda idea de sufrimiento y expiación... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino